La importancia del control oftalmológico en la edad escolar

Anticiparse. Al nacer, luego al año y medio, y desde los 3 años cada 12 meses. Y un mes antes del inicio de clases para que el niño se acostumbre a los anteojos si los precisa.

 

La mejor forma de prevenir problemas es estar atento. Los niños no se encuentran en condiciones de determinar con precisión si no ven bien y advertir al adulto sobre esta situación. Suele suceder que chocan con objetos, que se acercan a ellos, pueden tener bajo rendimiento escolar o simplemente presentar dolor de cabeza frecuente. La mirada atenta del padre o la madre, más los controles obligatorios a edad temprana, ayudan a detectar y tratar deficiencias de la visión.
“Por ley, deben realizarse controles al momento del nacimiento. Además, se recomienda al año y medio y, luego el control anual a partir de los 3 años”, afirma Yanina Proietti, oftalmopediatra del Instituto de la Visión Cerro de las Rosas, Sanatorio Allende. Por otro lado, Proietti indica que lo conveniente es que, al momento de escolarización, el control se haga entre un mes y un mes y medio antes del inicio de clases, porque las ópticas tardan en promedio una semana en entregar anteojos –si el niño los necesita– y además el pequeño requiere un lapso de entre 15 y 20 días para acostumbrarse.

La visita al especialista, y el correspondiente certificado, son requisito para el comienzo de sala de 4 y 5, primer grado y primer año del nivel medio. Pero aunque no sea obligatorio todos los años en la educación primaria, repetir el control al comienzo de cada ciclo escolar no está de más. Así se evitan los problemas que pueden derivar de dificultades en la visión que afectan directamente al niño, su proceso de aprendizaje y algunas veces, su socialización.

Desarrollo

El ojo crece rápidamente durante el primer año de vida, y luego, lentamente hasta la pubertad. Los primeros meses son fundamentales para obtener una buena visión: cualquier obstáculo que impida la formación de imágenes nítidas durante este periodo traerá como resultado alteraciones de la visión de ese niño. “Patologías como catarata congénita, estrabismo, o problemas refractivos como miopía o astigmatismo, generan secuelas irreversibles si no son diagnosticadas y tratadas a tiempo. De allí la importancia de la valoración precoz del niño”, explica Cecilia Vázquez, oftalmóloga del centro Mostaza Sánchez.

En los niños preverbales se evalúa la visión a través de diversos métodos, como el comportamiento de la fijación o el test de mirada preferencial. La agudeza visual puede determinarse a partir de los tres años de edad. “Si no detectamos a tiempo una miopía, por ejemplo, o un estrabismo, puede que al realizar el diagnóstico, ya no podamos mejorar la visión. Esto se debe a la ambliopía, en términos simples ‘ojo vago’, que se genera por una estimulación visual anormal durante el período de desarrollo”, afirma. “La ambliopía ocurre en el 2 por ciento de la población general y representa la causa más común de disminución de la visión en los niños. Existe tratamiento para la ambliopía si es diagnosticada a tiempo”, añade.

La profesional recalca que hay ciertos signos que pueden sugerir problema visual, como por ejemplo, si el niño se acerca mucho al televisor, entrecierra los ojos al leer, dice tener dolor de cabeza, cansancio visual, o si ve borroso. También si al leer, saltea palabras o renglones o no logra copiar lo escrito en el pizarrón. “A veces, el niño es catalogado como ‘de bajo rendimiento’ o con problemas psicopedagógicos, cuando en realidad esto está vinculado a dificultades visuales. A menudo es la maestra de grado quien sugiere el control”, reconoce Vázquez.

María Mercedes Ferreira, docente de nivel inicial del Jardín de Infantes Teresa Suppa de Pelli (Instituto de Educación Córdoba), destaca que “el maestro de jardín tiene herramientas muy valiosas para detectar indicadores de alguna dificultad visual que aún no se ha diagnosticado y encauzar junto a la familia una intervención profesional”.

A un niño de 4 años que llega por primera vez a la escuela no sólo se lo ve: se lo mira, se lo escucha, se lo acoge. Y todo el equipo interdisciplinario se convierte en observador de ese niño. En las clases de Educación Física, Teatro y Música se refleja cómo construye relaciones espaciales con el cuerpo, sus habilidades en la coordinación, la capacidad de correr y detenerse frente a obstáculos. De qué manera logra usar la computadora. Se observa su permanente interacción con los pares en el espacio abierto del patio y arenero como en el espacio más reducido del aula, qué proximidad busca frente al pizarrón o ante las imágenes de un relato y si hay dificultad o no para reconocer detalles en imágenes, asevera.